La Noche de los lápices

Nuevos Testimonios

La Nación | Fecha de publicación: 11.07.1998, sección Política

Un sobreviviente de "la noche de los lápices" recordó su odisea

autor: Fernando Mas (Especial para La Nacion)

Memoria: exiliados en el Proceso testificaron ante el juez Garzón; confían en hacer la tarea que "no hizo la justicia argentina".
MADRID.- Gustavo Calotti revivió ayer en Madrid la pesadilla de "la noche de los lápices", cuando fueron secuestrados en La Plata (septiembre de 1976) más de una decena de estudiantes secundarios, lo que dio lugar a un libro y a un film "bastante violento pero que no refleja la violencia real, que fue peor".

Calotti es uno de los cuatro supervivientes de aquella matanza. Vive exiliado en Francia, es profesor de castellano en Grenoble, y vino a declarar con la esperanza de que sus antiguos opresores "puedan tener un día un proceso que yo no pude tener".

Entonces estudiante secundario, Calotti dice que fue secuestrado, torturado, vejado y aterrorizado. De los chicos de "la noche de los lápices", él y tres más -Pablo Díaz, Emilce Moller y Patricia Miranda- han sobrevivido. "No sé por qué yo vivo y la mayoría de mis compañeros están muertos".

Pasó por "un infierno". Luego lo enviaron a una prisión durante más de dos años. Cuando lo soltaron sin darle explicaciones las amenazas siguieron y abandonó el país.

"El plan de los militares fue destruir toda oposición y todo embrión de oposición futura. El suyo era un proyecto político y económico", afirmó. Calotti contó su odisea al juez Baltasar Garzón; luego testificaron Alicia Palmero y Adriana Calvo, de la Asociación ex Detenidos Desaparecidos.

Palmero, psicóloga, fue secuestrada y pasó por la Guardia de Seguridad de la policía de Buenos Aires y el centro clandestino de detención La Cacha, cercano a la localidad de Olmos, que funcionó entre 1976 y 1978. Entre 3500 y 3800 personas pasaron por allí.

Le aplicaron picana y submarino seco. "Una experiencia terrible." La liberaron con unas compañeras en una noche invernal, y las obligaron a permanecer, sangrando y ateridas, durante horas, en medio del campo.

¿Por qué dejarlas? "Porque dentro de este plan siniestro había que dejar sobrevivientes para aterrorizar, para amenazar. Si mataban a todo el mundo, a la sociedad le podía parecer terrible. Ser portadores del horror y contarlo contribuyó a que la sociedad pudiera ponerse sola su capucha".

Se presentó ante el juez con un estudio exhaustivo que ella, Adriana Calvo, y otros supervivientes han producido "como hormigas", reproduciendo lugares, nombres, fechas.

Los documentos contienen el testimonio de 24 supervivientes de La Cacha que acusan a 31 represores; de 17 supervivientes que acusan a 45 represores de los centros de Garajes Azopardo, Club Atlético, El Banco y El Olimpo; de nueve supervivientes que acusan a 24 represores del Pozo de Banfield; de diez supervivientes que acusan a 43 represores de Automotores Orletti.

Adriana Calvo, prisionera en cuatro campos distintos, dijo que su propósito era entregarle al juez "los primeros resultados de nuestro trabajo, la construcción de una red social para recopilar, sistematizar, las pruebas concretas contra todos y cada uno de los represores por todos y cada uno de los delitos que cometieron. Este trabajo que nunca hizo la justicia argentina lo debe hacer el pueblo argentino".

Calvo explicó que ya hay grupos de apoyo en doce ciudades argentinas que poseen "imputaciones contra cientos de represores".

Rompió en llanto. "Algún día, los argentinos vamos a hacer nuestro juicio, y vamos a necesitar las pruebas".

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