La Noche de los lápices

En La Plata, otro testimonio sobre La Noche de los Lápices

La Nación | Fecha de publicación: 15.10.1998, sección Política

Recuerdo: la madre de María Claudia Falcone, desaparecida el 16 de septiembre de 1976, declaró ante la Cámara Federal de Apelaciones.

LA PLATA.- Era la 0.30 del 16 de septiembre de 1976. Un mes antes, María Claudia Falcone había cumplido 16 años. Estaba cuidando a su tía abuela, que vivía en el 556 de la calle 56.

La anciana estaba enferma y Claudia y su madre, Nelva Alicia Méndez de Falcone, se turnaban para atenderla. La adolescente estaba con una amiga, María Clara Ciochini, cuando seis hombres encapuchados irrumpieron en la casa. Blandían armas blancas.

Tras encerrar a la tía abuela en la habitación, los sujetos maniataron a las jóvenes y les vendaron los ojos. Luego fueron secuestradas. Y desaparecidas.

Años más tarde, aquella infausta madrugada sería recordada como La Noche de los Lápices, trágica jornada entre sombras en la que 10 estudiantes secundarios que habían participado en la campaña pro boleto escolar fueron "levantados" por agentes de la dictadura militar.

Los jóvenes fueron acusados por "subversión en las escuelas". Sólo tres fueron liberados. Los demás fueron asesinados, tras las torturas.

A poco más de 22 años de estos episodios, la madre de Claudia declaró en la Cámara Federal de Apelaciones, que, desde el 30 del mes último, está realizando las audiencias de "los juicios de la verdad", para determinar el destino de los más de 2000 desaparecidos en esta capital.

Su testimonio fue tan extenso como desgarrador. "La tía pudo ver en la calle, que estaba cortada, un camión del Ejército. Tres cuartos de hora más tarde, llamó el portero, desesperado, y nos dijo que se habían llevado a las chicas".

Más tarde, relató Nelva, registraron su casa. Rompieron la puerta de entrada con un jeep. Los vecinos observaron cómo varios hombres salían con objetos.

Según se pudo establecer, Claudia estuvo detenida en Arana, y luego en El Pozo de Banfield.

Pero la pesadilla no había terminado. El 13 de abril de 1977, el matrimonio Falcone estaba viendo un partido entre Boca y River. Cerca de la medianoche escucharon el timbre.

Eran cuatro sujetos que agitaban armas largas. Jorge y Nelva fueron secuestrados. Querían información sobre la doctora Lavalle, que había trabajado en el PAMI con Jorge, que era también médico.

Diez días más tarde fueron liberados. Volverían a ser secuestrados el 14 de enero de 1978. Esta vez permanecerían más de un mes y el motivo sería su hijo Juan Carlos, quien estaba casado y tenía un hijo recién nacido.

Enfermo

"A mi marido no lo podían torturar. El estaba enfermo del corazón. Me desnudaron, me tiraron en una plancha de metal y me aplicaron la picana", describió.

Esto se repitió durante varios días. Como Jorge no podía ser sometido al tormento, lo llevaron al "quirófano", donde torturaban a su mujer.

Una tarde, su esposo fue retirado de la celda. Lo llevaron a su casa. Lo acompañaba un guardia, naturalmente. El objetivo era colocar una trampa a Juan Carlos, que, seguramente, se comunicaría por teléfono con su padre. Efectivamente, llamó dos días después.

Jorge debía decir que su esposa había sufrido un accidente y que sería bueno que la visite. Pero además le dijo algo en lunfardo, que, sin embargo, el guardia entendió. Entonces lo golpeó en el pecho, pero ya era tarde. Juan Carlos había entendido el mensaje y no pudo ser capturado.

Nelva también acusó de colaboracionista a una mujer que había estado detenida con ella en 1977, a la que identificó como María del Carmen Macarí, alias Muriel.

En la audiencia de ayer siguieron otros testimonios sobre distintos casos de desaparecidos.

Ascensos

La Cámara alta aprobó ayer el ascenso de los teniente coroneles Ricardo Frecha y Luciano Parszyk, acusados de presuntas violaciones de los derechos humanos.

El PJ hizo valer su mayoría en el recinto para promover a los militares. Los senadores de la Alianza acompañaron al PJ sólo en la votación respecto del ascenso de Frecha, ya que consideraron que las impugnaciones no eran suficientemente contundentes.

El ascenso del teniente coronel Jorge Burlando se postergó para la semana próxima.

 

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