La Noche de los lápices

El juicio a las ex Juntas
Revelaciones a propósito del secuestro de diez menores

A las 23.38 finalizó la sesión celebrada en la víspera por la audiencia oral y pública en el juicio a los ex comandantes, dominada ayer por las declaraciones referidas a lo que se llamó “La Noche de los Lápices”, un suceso ocurrido en La Plata a mediados de setiembre de 1976 que consistió en el secuestro de más de una decena de adolescentes. De ellos solamente tres recuperaron la libertad, tras un largo cautiverio ilegal, y no menos de siete se encuentran aún desaparecidos. Se consideraron casos conexos y también depusieron testigos de la detención de Alfredo Bravo, quien había declarado anteayer.

Varios relatos de los protagonistas o familiares de los no menos de diez adolescentes que fueron detenidos en La Plata entre el 15 y el 21 de setiembre de 1976, de los que solo tres volvieron tras largas odiseas por lugares clandestinos a sus hogares y un número no inferior a siete se encuentra aún desaparecido, ocupó la mayor parte de la audiencia oral y pública en el juicio a los ex comandantes, que prosiguió ayer en el Palacio de Tribunales.

A modo de relato base, el testimonio de uno de ellos, Pablo Alejandro Díaz, dio cuenta paso a paso de su secuestro cuando tenía solo 17 años, de su deambular por centros clandestinos de detención en las cercanías de La Plata y su encuentro con chicos a los que conoció en esos lugares y con quienes recién después de un tiempo llegaron a la conclusión de que habían sido detenidos por el mismo motivo: haber reclamado que se implantara el “boleto escolar secundario”.

Tanto él como otros detenidos y familiares coincidieron en lo dicho y suministraron numerosos nombres de personas que se encontraban detenidas ilegalmente en distintos lugares por los que pasaron, varias de las cuales se encuentran desaparecidas. Al comenzar la decimotercera sesión de la audiencia oral y pública en el juicio a los ex comandantes, declararon cuatro testigos de la detención de Alfredo Bravo, quien expuso anteayer, y la madre y la tía de Claudio de Acha.

El séptimo testimonio fue el de Pablo Alejandro Díaz, quien fue detenido el 19 de setiembre de 1976, cuando tenía 17 años, quien empezó relatando lo ocurrido en aquella madrugada: “ yo estaba durmiendo, siento ruidos, como que golpean la puerta. Al portón grueso le pegaban culatazos. Mi hermano se asomó por la ventana de arriba, y alguien apuntándolo, le dijo que bajara a abrir. Le preguntaron si él era Pablo Alejandro Díaz, no, contestó, yo soy Daniel. Para eso, yo ya estaba bajando por la escalera, apenas con un pantalón puesto. Los vi, y tenían puesto pasamontañas en la cabeza. Me agarraron y me tiraron en el piso.” El presidente de la audiencia le preguntó.

D´Alessio - ¿Se identificaron de algún modo?
Díaz – Yo escuché que dijeron Ejército Argentino

El relator continuó dando más detalles del secuestro: “Hicieron que me pusiera los zapatos de mi padre, y me sacaron afuera; allí vi cuatro autos. Mientras tanto, otros habían revisado toda la casa buscando algo. Inclusive, uno de ellos, que actuaba a cara descubierta dijo en un momento “no encontramos nada”. Yo lo pude reconocer después como el comisario Vives”.

El reconocimiento

D´Alessio - ¿Cómo pudo reconocerlo?
Díaz – Por fotos que después me mostraron en la Conadep. Era una persona de 35 o 40 años, canoso.

Díaz se refirió brevemente a la supuesta causa de su detención: “Fue por el pedido de boletos para secundarios. Yo pertenecía a la Coordinadora de Estudiantes Secundarios y con chicos del colegio, de entre 14 y 18 años, habíamos ido a presentar una nota al Ministerio de Obras Públicas”. Prosiguió después refiriéndose a su primer traslado: “Me tiraron en el piso de atrás de un Peugeot, adentro ya había otra persona. Cruzamos la ciudad y entramos en un ligar que luego reconocí como Arana. Yo insistía en preguntar a dónde estaba, por qué me habían llevado. Me tiraron a una pieza, tenía la cabeza cubierta por un pulóver. Al rato me vienen a buscar y me ponen una venda roja, traslúcida, por lo que pude ver cuando me pusieron frente a ese señor canoso del que hablé antes, quien me preguntaba.

P: - ¿Vos qué hacés?
R: - Señor no sé dónde estoy, dígame por favor.
P: - ¿Vos tenés algún grado?
R: - No señor.
P: - ¿Estás en alguna organización guerrillera? ¿Qué pasa con vos?
R: - No sé.

“La persona que me interrogaba dijo después «vos vas a vivir sí yo quiero»”. Señaló también que después de esa serie de preguntas lo trasladaron a otro cuarto donde “me desnudaron y pusieron en un catre. Yo seguía gritando. Me dijeron que me iban a dar una sesión de tortura para que no me olvidara. Me quemaron los labios. Ah, me olvidaba. Cuando me llevaron me dijeron que me iban a dar la máquina de la verdad; yo le pedí por favor que si, que me llevaran a esa máquina porque suponía que era una de esas de las películas donde indica si estoy mintiendo. La máquina era al final la picana.”

Carne quemada

Luego se refirió a esa primera “sesión”, diciendo: “Se sentía el olor a carne quemada cuando me aplicaban la picana. Me pedían a cada rato que les diera nombres. Lo único que querían era que les diera nombres. Después me atendió un médico, yo le pedí agua, pero éste me contestó que si me daba agua iba a reventar como un sapo”. En otro momento manifestó que también era interrogado, por si había alguna persona en su colegio que “vendiera revistas”.

Al declarar sobre otras sesiones de tortura a las que era sometido, Díaz contó: “Una vez me interrogaron, y me decían que si tenía algún nombre para decirles que abriera la mano durante la sesión de picana. Una vez, uno de los que estaban ahí dijo “traeme la pinza”. Yo sentí después un tirón en el pie. El dolor era uno solo, en todo el cuerpo. Cuando me llevaron a mi celda me di cuenta que tenía el pie ensangrentado. Me habían sacado una uña”. El testigo recordó a quienes había visto durante su cautiverio citando a “Triviño, Walter Docters, Nelson Silva, su novia, a quien le decían La Negrita, José María Sun, una chica que le decían La Paraguaya y de la cual se jactaban de que había muerto. Escuché que decían 2se murió, tirala a los perros”; no, decía otro «enterrala, se te murió a vos»”.

D´Alessio: - ¿Esos nombres usted losa escuchó? ¿Cómo los supo?
Díaz: - En una pieza después nos juntaron y ahí nos preguntábamos los nombres.

“Una vuelta – siguió – nos pusieron frente a una pared con los ojos vendados. Decían que iban a fusilarnos. Las chicas lloraban y uno gritó “Vivan los montoneros”. Otras gritaban “mamá me van a matar” y después sonaron descargas. Yo esperaba sangre y no sabía si estaba muerto o no. Fue un segundo que duró un siglo. Escuche que al que había gritado “vivan los montoneros” le dijeron: “A vos te vamos a hacer mierda. Denunció haber oído el nombre de un “señor Nogara” en los actos de tortura y señaló que después en la Conadep se enteró que era el “subcomisario Nogara”.

Al ser llevada a la Brigada de Investigaciones de Banfield fue puesto en una celda donde estaban también los otros chicos secuestrados en “La noche de los lápices y que allí me ataron las manos atrás y con la misma soga me pusieron una horca en el cuello, de modo que cuando movía las manos, me ahorcaba”.

Al referirse a la convivencia con el resto de sus amigos adolescentes señaló: “Yo estaba en calzoncillos, las chicas en ropa interior, algunas sin corpiño”; explicó a continuación que un día fue puesto en un calabozo “en el que había diez centímetros de agua, yo estaba desnudo; hacía mucho frío. Recuerdo que había cinco pasos entre la puerta y la pared, y una noche, caminando, conté 30000 pasos”. También dio cuenta del momento en que le dijeron a él y a María Claudia Falcone que cuidaran de dos embarazadas que se encontraban detenidas allí, de un grupo de seis: “nos encargaron que las vigiláramos y que cuando tuvieran contracciones golpeáramos las puertas para llamar a la guardia”, acotando que “Dios me perdone por no recordar sus nombres, sé que eran de la Capital Federal”.

Cuando habló de María Clara Ciochini, otra de sus jóvenes compañeras, recordó que una noche “le pidió a uno de los guardias que no la tocara más, que la matara pero que no la tocara más”. Señalando que le habían puesto algodones en los ojos que con el tiempo “emitían olor a podrido” sujetados con una venda, dijo que el 28 de diciembre le explicaron que pasaba al PEN. “Yo realmente no sabía ni lo que era el PEN” luego de despedirse de sus amigos, fue trasladado junto a Juan Novielo al pozo de Banfield, en ese lugar manifestó haber visto a un policía de apellido Jorge, el único que le dejaba ver su cara, y quién le confesó: “Cuando me veas en la calle, recordá que yo te traté como un ser humano”. Su relato terminó con referencias a su legalización y su paso por la Unidad Carcelaria 9.

D´Alessio: - ¿Qué día fue liberado?
Díaz: - Me levantaron el PEN el 19 de noviembre de 1980, previamente yo había tenido una entrevista con el mayor Pena, este me dijo “ahora son otros tiempos, tomá tu carpeta”. Vi la carpeta y había una orden dictadura detención que decía que me habían levantado el 28 de diciembre de 1976 por tener panfletos en la mano. Yo le dije que me habían llevado en setiembre. “Ya sé” me respondió, “por eso es que quería hablar con vos”. A la semana me dejaron en libertad.

Ni el fiscal ni los defensores hicieron uso del derecho a formular preguntas.

La noche de los lápices (*)

La noche del 9 de setiembre de 1976 es recordada en La Plata como La noche de los lápices. Aquella vez fueron secuestrados de sus hogares, por fuerzas de seguridad, diez adolescentes, de los cuales siete hoy continúan desaparecidos, y dictadura cuyo cautiverio anoche dieron cuenta en el juicio Pablo Díaz y Walter Docters.

Los adolescentes Francisco López Muntaner (14 años), una menor de nombre Alejandra (14), María Claudia Falcone (16), Pablo Alejandro Díaz (17), Victor Triviño (16), Horacio Angel Ungaro (17), Patricia Miranda (16), Claudio de Acha (17) y María Clara Ciochini (17) formaban parte de un grupo de 15 o 16 jóvenes, todos estudiantes secundarios que habían decidido iniciar una campaña a favor del boleto escolar en el transporte para la enseñanza media.

De acuerdo a las investigaciones realizadas por la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep) y los testimonios brindados ante ellas, los adolescentes secuestrados habrían sido asesinados después de padecer tormentos en distintos centros clandestinos de detención, entre los que se encontraban Arana, Pozo de Banfield, Pozo de Quilmes, Jefatura de la Policía de la Provincia de Buenos Aires y la comisarías 5º, 8º y 9º de La Plata y 3º de Valentín Alsina, en Lanús, y el Poligono de Tiro de la Jefatura de la Provincia de Buenos Aires.

De todos ellos solo fueron liberados Díaz, Moller y Miranda. El 4 de julio de 1984, cuando la Conadep produjo el programa Nunca Más, emitido por la televisión, se señaló en uno de sus tramos que habían desaparecido 452 personas menores de 18 años. Siete de ellas, en La noche de los lápices.

Encuentro al salir (*)

Pasaron 9 años que querés...

Pablo Díaz abandonó la sala a las 19.10, después de una hora y cuarenta minutos en los que había conmovido a todos los presentes, El Tribunal había llamado a cuarto intermedio luego de su testimonio por lo que el fiscal Strassera y sus colaboradores buscaron enseguida al joven testigo con quien se abrazó mientras Pablo Díaz solo lloraba.

Luego de recorrer el pasillo que conduce a la Cámara y aparecer en el hall central del Palacio de Tribunales, Díaz se abrazó largamente y con sus ojos humedecidos con los integrantes de su familia y su novia, ante quienes solo atinó a decir: “Pasaron nueve años, qué querés”.

Algunos se acercaron a felicitarlo por su testimonio, y otros hasta lo aplaudieron. Díaz repetía en voz baja: “Me acuerdo de los chicos, nada más. Solo de los chicos”. Se abrazó también con la madre de Claudio de Acha, uno de sus compañeros en aquellas campañas por el boleto escolar, y se fue con los suyos.

Dos momentos de un testimonio (*)

Pablo Díaz rescató en una parte de su testimonio dos hechos vividos con una de sus compañeras de colegio, Claudia Falcone, de 16 años.

El primero, cuando Díaz recordó que “un día, en el Pozo de Banfield, un guardia humanitario me permitió que fuera por solo quince minutos a ver a Claudia Falcone, la chica con la que más hablaba. Me levantó la venda y pudimos conversar. Claudia me dijo: “gracias Pablo por la fuerza que me das”, ya que yo le decía que se quedara tranquila, que nos iban a soltar porque no éramos guerrilleros, nosotros no habíamos puesto ninguna bomba. Incluso le hablé de que cuando saliéramos íbamos a empezar una relación, como novios, qué sé yo. Ella me dijo: “Pablo, no me toques, porque me han violado”, y me contó que en una sesión de torturas la habían dado vuelta y la habían violado”.

En otro momento, hizo referencia al día en que sus compañeros se enteraron de que iba a salir en libertad. “Se acercaba el fin de año. Claudia me dijo que cada 31 de diciembre levantara la copa por ella, por todos, porque ya estamos muertos. Yo me fui gritándoles que ellos iban a salir también como yo, que no iban a morir”.

Relató Díaz también que podía comunicarse de celda a celda con sus jóvenes amigos utilizando el sistema de golpes en la pared. Crítico documento atribuido a Camps* El ex jefe de la Policía bonaerense, general (R) Ramón Camps, acusó al gobierno encabezado por el presidente Raúl Alfonsín de aplicar una política que apunta a “destruir” la estructura económica, social e institucional de la Nación, “porque el marxismo necesita abonar el terreno para llegar a la guerra civil que precisa para imponer la «patria socialista»”.

El militar retirado, quien aparece involucrado en n8merosas denuncias sobre secuestros, hizo tales afirmaciones en un mensaje “a mis compatriotas”, difundido desde su lugar de detención, en el III Regimiento de Infantería de La Tablada, y cuya autenticidad fue confirmada por la agencia DyN.

Camps, quien permanece detenido por disposición del presidente Alfonsín, afirmó que “en nombre de la democracia se aplica en el país la misma política económica que destruyó a la industria argentina”, en clara alusión al programa aplicado por el último régimen de facto, del cual formó parte.

El ex jefe policial sostuvo que “esto no es democracia; Alfonsín está lejos de ser el símbolo de la democracia”, agregó, a la vez que sostuvo “que con la democracia de Alfonsín no se come, no se cura ni se educa”.

No es democracia (*)

Asimismo, afirmó que “es ofensivo que el Gobierno siga empeñado en disimular las intactas estructuras subversivas, tanto las ideológicas como las materialistas (sic), que hunden al país en la usura y la especulación en desmedro del trabajo.

Agregó que “en forma paralela, a nuestra crónica inflación galopante se le suma el estancamiento, la recesión y el desempleo”.

Dijo además que “miles de argentinos son condenados al hambre y el desamparo por la indiferencia social de quienes, obviamente, desconocen las amarguras de una mesa sin comida”.

Por otra parte, aseguró que “nos encontramos frente a situaciones de riesgo que nunca habíamos conocido en el pasado”, al tiempo que sostuvo que “la izquierda marxista aprovecha en su favor las contradicciones y descontentos que la actual situación genera”.

Agregó que al mismo tiempo “penetran peligrosas propuestas internacionalistas. La socialdemocracia, cobertura ideológica de muy fuertes intereses mundiales, no tiene reparo en presentarse como revolucionaria y asumir los métodos subversivos que antes utilizaban otros sectores”, añadió.

Aseguró que “es el Gobierno y sus seguidores, quien insulta, agrede y ofende” y quien “a través de los medios de comunicación confunde a la opinión pública, manejando en forma premeditada e inescrupulosa la información”.

“No es democracia aquella en la que se defrauda la voluntad popular. No es democracia aquella en la que se miente y se promete jugando con la esperanza de un pueblo”, agregó.

Las listas

“Es el Gobierno – añadió – quien confecciona «listas» con objetivos bien definidos para destruir a la industria, el agro, la prensa, los trabajadores, los empresarios, el pueblo, las instituciones; porque el marxismo necesita abonar el terreno para llegar a la guerra civil que precisa para imponer la «patria socialista»”.

Camps aclaró seguidamente que no es un “agorero” ni “un trasnochador general con nostalgia de poder”.

En aparente referencia a las denuncias ventiladas en el juicio seguido a los ex integrantes de las tres primeras juntas militares del último régimen de facto, sostuvo que “los acontecimientos de abril se desarrollaron vertiginosamente”, tras lo cual afirmó que “sé que fui condenado de antemano por los derrotados en la lucha armada, hoy triunfantes, merced a las refinadas técnicas publicitarias”.

Camps concluyó su nota afirmando que “fui, soy y seré un hombre al servicio del pueblo” y al pueblo “no se lo engaña más” porque “el pueblo no cambia de idea”, tras lo que suscribió el mensaje, sin aclarar su grado militar, bajo la leyenda “Viva la Patria”.

 

(*) Artículos del diario Clarín publicados el viernes 10 de mayo de 1985.
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