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A un año de su muerte, la Comisión Provincial por la Memoria (CPM) homenajeó a Leopoldo Schiffrin, fundador e integrante del organismo. Familiares, colegas, protagonistas de los juicios por la verdad, militantes por los derechos humanos y miembros de la CPM conmemoraron ayer, en un emotivo acto, la vida de Polo Schiffrin. Su formación, su legado, su visión del derecho y la justicia, y también el hombre cotidiano detrás de su gran legado. “Pasamos momentos duros, de persecución, pero él siempre fue valiente con sus sentimientos y sincero en sus compromisos”, recordó Alicia, su compañera de toda la vida.

“Los juicios por la verdad tienen el sentido último de ser un esfuerzo judicial y de muchas otras personas para tratar de que la sociedad argentina entre en un camino mejor, moralmente mejor sobre todo”, dice Leopoldo Schiffrin en el documental que la Comisión Provincial por la Memoria (CPM) realizó a 20 años de ese novedoso proceso de justicia y estrenó ayer durante el acto.

“Creo en la justicia, no en el poder judicial, pero tengo que destacar el coraje de esos jueces, que lucharon para buscar la verdad y la justicia desde una posición ética y de vida: la justicia al servicio del pueblo. Polo fue uno de esos hombres”, señaló el presidente de la CPM, Adolfo Pérez Esquivel.

A Leopoldo Schiffrin le apasionaba la historia. Los que estuvieron más cerca de él dicen que siempre quiso estudiar historia pero terminó en la Facultad de Derecho. A lo largo de su carrera judicial, interpretó el derecho en una perspectiva histórica y crítica, el derecho como una herramienta para impartir justicia y transformar la realidad.

El homenaje, que se realizó en el auditorio de la CPM, contó con una importante cantidad de público: hombres y mujeres que tuvieron la posibilidad de conocerlo y trabajar con él, o que lo conocieron a partir de su legado. Estuvieron presentes, además de Alicia, la esposa de Leopoldo, funcionarios de la justicia, protagonistas de los juicios por la verdad, referentes de los derechos humanos y víctimas.

“Para nosotros también es especial recordar a Polo en esta casa. Él entendió antes que nadie la relevancia que tenía el archivo de la Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires (DIPPBA) para la verdad y la memoria. Cuando estaba por asumir Ruckauf en la Provincia, sintió que los archivos corrían peligro y fue construyendo esa idea de sacar a la policía de donde estaban los archivos. Así recuperamos este espacio y ese archivo que hoy es un acervo al servicio de la democracia, la justicia y la memoria”, señaló la directora general de la CPM, Sandra Raggio.

“En muchos aspectos, Polo fue un adelantado. En 2002, hacía poco que se había sancionado el protocolo facultativo de la convención contra la tortura, y el propuso crear el Comité contra la tortura; hasta ese momento, era un tema del no que se hablaba, un tema que no estaba presente tampoco en el campo de la militancia por los derechos humanos. Ese fue Polo: un hombre que hizo coincidir el pensamiento con la intervención para modificar las condiciones que hacían y siguen haciendo posible las violaciones a los derechos humanos”, agregó el secretario del organismo Roberto Cipriano García.

Participaron también del acto los miembros de la CPM Ernesto Alonso, Susana Méndez, Víctor Mendibil, Ana Barletta y la integrante del organismo en licencia y actual diputada provincial Elisa Carca.

Además del estreno del documental por los 20 años de los juicios por la verdad, durante el acto también se presentó el libro Simposio sobre justicia y crímenes de lesa humanidad. La nueva orientación de la Corte Suprema de Justicia frente al derecho internacional de los derechos humanos, una de las últimas actividades que Polo impulsó en la CPM y que reunió a destacados juristas para discutir los fallos Fontevecchia, Villamil y Muiña, regresivos en las lucha por memoria, verdad y justicia.

El legado y el recuerdo

El periodista Ernesto Tenembaum —hijo de Mauricio, fundador de la CPM y amigo entrañable de Polo—, el secretario de derechos humanos de la provincia de Buenos Aires Santiago Cantón, el titular de la Fiscalía Federal 2 y compañero de trabajo de Schiffrin durante más de 10 años en la Cámara Federal Hernán Schapiro, Marta Vedio, referente de la APDH y María Ester Behrens, primera testimoniante de los juicios por la verdad de La Plata, compartieron la mesa de homenaje para recuperar la vida y trayectoria de Leopoldo Schiffrin. El juez y la persona. El legado y el recuerdo.

“Polo fue un compañero de lucha”, sintetizó Adolfo Pérez Esquivel, luego de resaltar el compromiso de Schiffrin y destacar su aporte a los juicios por la verdad. Con esas sencillas palabras abrió la mesa para que cada uno de los participantes tome la palabra.

Ernesto Tenembaum recordó que su papá está enterrado junto a Polo. Mauricio y Leopoldo fueron amigos entrañables, estuvieron desde el principio en la CPM pero compartían muchos otros espacios de lucha por los derechos humanos. “Para mí estar acá es una de esas lindas herencias”, dijo el periodista. Y agregó: “Mi papá era un judío ateo y Polo era un judío religioso; muchas veces me preguntaba cómo podían celebrar juntos las ceremonias hasta que entendí que había algo que los unía, una idea de la libertad. Había algo mesiánico en eso; los judíos todavía están esperando el mesías, como ese camino hacia la igualdad y la justicia. Eso esperaban ellos, saben que alguna vez va a llegar, y que para eso hay que insistir en la alegría”.

Con esos valores construyó su carrera judicial. “Fue un jurista íntegro, impecable, sus fallos sentaron precedentes en la justicia argentina e internacional. “Los juicios por la verdad permitieron abrir una puerta de la justicia cerrada en el país y movilizó a toda la comunidad internacional. Hasta ese momento solo existía una sentencia de la Corte Interamericana que apenas mencionaba el reconocimiento del derecho a la verdad; hoy en todos los países se habla del derecho a la verdad. Esa estructura jurídica comenzó despacito en Argentina, en gran parte por Polo”, valoró Santiago Cantón, ex secretario ejecutivo de la CIDH.

“Quienes seguíamos día a día el juicio, veíamos como Polo fue construyendo una estrategia de justicia, iba conduciendo el juicio hacia donde quería que vaya”, explicó Marta Vedio al momento de recordar el aporte de Schiffrin en los juicios por la verdad. “Además de la mirada política, de la erudición jurídica, nunca dejó de haber una mirada humana que se apreciaba en la forma que trataba a las víctimas, poner ese dolor en la escena judicial. Sin abandonar el lugar de juez siempre nos hizo sentir que sus valores y convicciones eran lo que nosotros llevábamos”.

María Ester Behrenz fue la primera en testimoniar en los juicios por la verdad que se realizaron en La Plata, ayer en el homenaje recordó aquel testimonio: “Pensé que iba como testigo, a contar la historia de mi marido desaparecido, pero me empieza a preguntar por mi experiencia como detenida. Me sentía molesta, pensaba por qué me pregunta si vengo como testigo no como víctima. Lo entendí con el tiempo, cuando comprendí la valoración que estaban haciendo ellos. El trabajo de ir vinculando datos, hechos, con los retazos que teníamos porque los que tenían que dar la información callaban”.

Para quienes tuvieron la posibilidad de compartir muchos años de trabajo con Schiffrin, él fue un verdadero maestro. Hernán Schapiro estuvo en su vocalía de la Cámara Federal entre 1993 y 2004: “Tenía una visión alternativa del derecho, una comprensión mucho más amplia; para él, el derecho era un fenómeno histórico y tenía, además, una visión política muy aguda. Sufrió muchas embestidas del poder en los 90, que quisieron callar esa voz disonante. Enfrentó esos ataques con valentía y astucia política”, recordó.

La formación y el compromiso, el juez y la persona. Hay una anécdota que pinta la figura de Schiffrin: “Su obsesión era que aprendiéramos a escribir y, cuando llegábamos a su cámara, nos mandaba a leer el Quijote”, contó Schapiro. “Tengo sus enseñanzas, pero lo más importante que puede decir es que llegué a ser su amigo, creo que él también me sentía como un amigo”.

Al cierre de la mesa, Alicia, la compañera de vida de Schiffrin, agradeció los recuerdos: “Estoy emocionada. Siento que, con sus testimonios, construyeron la verdadera esencia de Polo. Era un hombre religioso y lo mesiánico, esa búsqueda de la justicia, fue el motor de su legado. Y fue, también como dijeron, un hombre que incomodó al poder. Un hombre que siempre actuó por convicción y por ética”.

Mariela Tenembaum cerró con otra anécdota: “Polo nos preguntó a varias personas que trabajábamos con él: ¿qué tiene que tener una persona para ser un buen juez? Todos decíamos distintas cosas, tiene que ser justo, equilibrado, estudioso, pero ninguno dio la respuesta esperada. Polo nos dijo: una persona para ser un buen juez tiene que tener un gran corazón”.

El legado de Leopoldo Schiffrin es invaluable. Su trayectoria sigue siendo una referencia en el campo del derecho y la defensa de los derechos humanos. El derecho para la justicia y para transformar la realidad. El libro del simposio que se presentó en su memoria, lleva uno de sus grandes pensamientos: “Los jueces están para arrancar a los desvalidos y pobres de las manos de sus opresores”. La justicia para los desprotegidos, ese quizá sea el mejor legado que nos dejó.

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