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En noviembre de 2005, pocas semanas después de ocurrida la Masacre de Magdalena, la Comisión Provincial por la Memoria presentó un informe especial para reclamar justicia y exponer las responsabilidades individuales y políticas que hicieron posible una de las peores masacre en la historia del encierro en la provincia de Buenos Aires.

La investigación, basada en el análisis de la causa judicial, el sumario administrativo abierto por el Servicio Penitenciario Bonaerense, las inspecciones del Comité contra la Tortura a la UP de Magdalena y en las conversaciones con los sobrevivientes y aquellos que participaron en el rescate de los cuerpos fue presentada ante los distintos poderes del Estado. El informe repasaba los antecedentes de la tragedia y estudiaban los escritos de defensores oficiales y fiscales que alertaban sobre situaciones de violencia ilegal en las cárceles y, en especial, en Magdalena. Además, recordaba estudios propios que develaban las causas profundas de la situación carcelaria en la provincia y en el país.

A continuación, exponemos un breve resumen de ese informe sobre dos cuestiones fundamentales: los antecedentes y testimonios de la masacre. La responsabilidad política y la individual.

Antecedentes

Varios mensajes de alerta precedieron a la tragedia de Magdalena; de manera que las circunstancias previsibles y, por lo tanto, evitables que desencadenaron la muerte de 33 personas privadas de libertad forman parte de las responsabilidades políticas que hay detrás de la masacre.

Reclamos de organismos de derechos humanos

El agravamiento sostenido de las condiciones de detención venía siendo denunciado reiteradamente por diversos organismos: hacinamiento extremo, alimentación deficiente, falta de atención médica, sanitaria y psicológica, apremios ilegales y torturas sistemáticas, estados de indefensión, alejamiento familiar, entre otros tratos crueles, inhumanos y degradantes, generaban un sistema en el cual la vida humana del detenido no poseía valor.

En ese marco, la Corte Suprema de Justicia había señalado, en el fallo Verbitsky (2005), que las condiciones de detención debían ajustarse a las reglas mínimas para el tratamiento de reclusos de las Naciones Unidas y ordenaba a los poderes públicos bonaerenses cesar las condiciones inhumanas hoy reinantes. Si se hubiera cumplido con el fallo, el horror de Magdalena no hubiera sucedido.

Para ese entonces, la CPM ya venía reclamando cambios radicales en las políticas públicas en materia de seguridad. En 2004, presentó a los poderes provinciales un exhaustivo informe sobre las prácticas sistemáticas de torturas que existían en el Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB). Y, pocas semanas antes de la masacre de Magdalena, había presentado frente al Gobernador y el Ministro de Justicia pruebas sobre un caso de tortura con picana eléctrica, además de exigir que se investiguen la muerte de tres detenidas por inhalación de humo tóxico proveniente de la quema de colchones en la Unidad 33. Nada se hizo y el desenlace anunciado ocurrió el 16 de octubre.

Advertencias de funcionarios públicos sobre la UP N 28

No sólo los organismos de derechos humanos habían advertido la situación. En junio de 2004, la UFI N 7 de La Plata envío al Jefe del SPB un oficio señalando las graves situaciones de violencia que se venían registrando en la cárcel de Magdalena y solicitando que se adopten medidas necesarias para evitar que tales hechos se reiteren.

Presentaciones por colchones ignífugos

Al momento de la masacre, había innumerables presentaciones administrativas y judiciales tendientes a obtener el reemplazo del mobiliario actual por colchones ignífugos y antiflama. Esos reclamos habían sido desatendidos o se habían cumplimentado muy parcialmente, aduciendo pretextos de carácter presupuestario que de ninguna manera pueden justificar tragedias como la de Magdalena.

Los informes del mismo Servicio Penitenciario Bonaerense

La Secretaría de Derechos Humanos creada en el ámbito del SPB había realizado, al 16 de octubre de 2005, diez informes sobre distintas unidades penitenciarias. En todas ellas, había constatado que los equipamientos de emergencias no se encontraban en condiciones, los matafuegos estaban descargados, las mangueras no estaban conectadas, las bombas de agua no poseían electricidad.

De los mismos expedientes del SPB surge que las irregularidades en el sistema de prevención y asistencia de incendios fueron recurrentemente informadas. Sólo como muestra: un informe de la División Armamentos revela que por “razones presupuestarias” sólo se aprobó para el año 2005 la recarga de la mitad de los extinguidores de las unidades penales provinciales.

Con este revelador informe se explica por qué en la Unidad 28 de Magdalena no existían matafuegos aptos cuando se produjo el incendio en el Pabellón 16.

Habeas corpus presentado por la CPM

El 13 de octubre de 2005, es decir, tan sólo tres días antes de la masacre de Magdalena, la CPM inspeccionó el pabellón 6 de la UP N 28 y constató el agravamiento de las condiciones de detención, el alto índice de hacinamiento —en algunas celdas convivían tres detenidos que debían turnarse para dormir en el camastro—, la falta de atención médica y la violencia desplegada por los agentes penitenciarios —muchos eran víctimas de balas de goma, recibidas el domingo anterior cuando penitenciarios ingresaron al pabellón disparando indiscriminadamente—.

Todo esto había sido expuesto en un habeas presentado el 14 de octubre; ese mismo día, la justicia penal platense hizo lugar al habeas, lo que demuestra que las autoridades de la UP N 28 toleraban situaciones degradantes.

Testimonios

El informe especial de la CPM reunió el testimonio de veinte sobrevivientes del Pabellón 16 y 36 del pabellón 15, que fueron los que intentaron socorrer a sus compañeros.

El comienzo: discusión y represión

Los relatos de los detenidos coinciden en señalar que, para responder a una discusión entre dos internos, agentes penitenciarios ingresaron al pabellón con perros y disparando de manera indiscriminada con balas de goma.

“Esa noche estaba acostado y me despierta un compañero. Me levanto: era sólo una pelea a golpes. Entonces vienen los agentes e ingresan muchos, como hormigas. Entran tirando”. Gustavo C., sobreviviente pabellón 16.

“La mayoría estábamos durmiendo, preparándonos para el día de la madre (…) Estaba sacando una torta en la cocina y escucho la discusión, se genera un tumulto porque van a separarlos y enseguida entra el Servicio Penitenciario tirando tiros; tiran mucho, en todo momento, no dan tiempo a nada”. Ariel P., sobreviviente pabellón 16.

“El encargado llama a los escopeteros que entran tirando, les decíamos que paren que no pasaba nada”. Ariel C., sobreviviente Pabellón 16

“Tiraban a mansalva, entraron con escopetas y perros. (…) En ese momento entra la autoridad y empieza a reprimir. Yo fui el último que salí, cuando me sacan ya se estaba prendiendo fuego”. Matías G., sobreviviente pabellón 16.

“Que sí escucharon claramente que en el 16 pedían a gritos agua y ayuda y que el SPB nada hizo. Que si les hubiesen dado una mano, es decir hubiesen tirado sus armas y dejado los perros que eran ‘una banda’, podrían haber socorrido al pabellón y todos se hubiesen salvado”. Del relato de 36 detenidos en el pabellón continuo, ante los miembros de la CPM.

La trampa mortal: las puertas que se cierran

Los relatos son contundentes. La puerta fue cerrada por los agentes del SPB al retirarse del lugar; ninguno volvió a ingresar al pabellón por esa puerta, todos dieron la vuelta y fueron hacia el fondo.

“Estaba en la cama 1, me bajo, me tiro al piso, me agarran del brazo y me tiran para el patio de adelante. Sacan otros pibes, sale humo de adentro del pabellón, se escucha que cierran la puerta y se escucha el grito de los chicos de adentro que piden que la abran. Nos llevan a nosotros más lejos, al pasto, porque nos llegaba el humo. Ahí nos tenían tirados y esposados (…) La policía vio que no se podía detener el fuego y se tomó el palo, cerró la reja y arreglate como puedas. Chau”. Germán V., sobreviviente pabellón 16.

“Soy el anteúltimo en salir y ahí veo que Castro cierra el portón y deja a los demás internos adentro. Cuando salgo de la celda veo al Servicio que sueltan los perros, entonces nos gritan que nos tiremos al piso cosa que hacemos porque además estaban tirando tiros. En el piso nos esposan fuera ya del”. Maxi C., sobreviviente pabellón 16.

“Cuando me sacan, el encargado cierra la puerta. Lo veo, escucho el candado y escucho que los pibes gritaban atrás de la puerta cerrada”. Matías G, sobreviviente pabellón 16.

“Nos sacaron, nos tiraron al piso y cerraron la puerta del pabellón. Ahí ya no veíamos nada porque había mucho humo”. Héctor G., sobreviviente Pabellón 16.

“Que la guardia armada luego de reprimir saca a varios internos esposados. Luego al salir cierran la puerta y se van. El encargado en ese momento era Santamaría a quien ven en el lugar. Que en el pabellón 15 empiezan a intoxicarse y varios detenidos no podían respirar. Que entonces piden que los saquen y les abran porque había mucho humo y les abren la puerta trasera. Al salir los oficiales los encañonaron con escopetas y les dicen que se tiren al piso porque no se podía hacer nada con los pibes del pabellón 16”. Del relato de 36 detenidos en el pabellón 15, ante los miembros de la CPM.

“Si se abría un candado se solucionaba todo. (…) Lo único que se veía era humo y un par de pibes contra los vidrios, gritando”. Detenido del pabellón 15 ó 17.

El rescate

El relato de los detenidos coincide en varios puntos medulares: el intento desesperado por ayudar, la actitud solidaria de los detenidos alojados en los pabellones vecinos, la puerta de emergencia del pabellón 16 que nunca se abrió.

“Les pedimos que saquen a los presos que se estaban quemando y Castro nos dice que están abriendo las puertas del fondo (…) Cuando llegamos al lugar ya había chicos sacando cuerpos. Ayudo a romper una ventana del pabellón 16 y con mantas sacábamos gente de los costados, las duchas, la puerta del fondo, el piletón y la reja”. Ariel P., sobreviviente pabellón 16.

“Vemos otros internos del pabellón 17 que con agua intentaban apagar el fuego (estaban en el techo y pasaban baldes). Nos decían ‘salgan, salgan que los pibes se queman’. Nos escapamos, llegamos al pabellón y ayudamos a sacar un chico y lo llevamos a Sanidad. Le pido a un guardia que me saque las esposas y lo hace. Me meto y empiezo a sacar pibes”. Ramón D., sobreviviente pabellón 16.

“Cuando abrimos la puerta ya estaban todos amontonados y nos quedábamos con la piel en las manos al intentar agarrarlos”. Darío M., sobreviviente pabellón 16.

Desidia, negligencia, indiferencia y crueldad

Los nichos hidrantes y las mangueras de extinción de incendios no funcionaron. Los testimonios y el acta de la CPM tras la inspección ocular en los pabellones 15 y 16 lo confirman. Los agentes penitenciarios, con la única excepción del oficial Núñez, lejos de colaborar en la tarea de salvataje, reprimieron o se desplegaron.

“Los bomberos llegan a casi una hora y media o dos horas después. Las bocas de incendio no funcionaron y los matafuegos no funcionaron, apretabas y no salía nada. Luego que sacamos los cuerpos, la policía entrega el penal, abre los candados de máxima tratando de que peleemos. Nadie se prende, todos ayudan a los pibes. Leonardo S., sobreviviente pabellón 16.

“Los pibes entrábamos cubiertos con mantas y toallas mojadas. Ni la policía ni los bomberos entraron a rescatar o apagar el fuego, lo único que hicieron fue pasar las mangueras pero cuando la llevaron al pabellón no salía agua. Que hasta que les abrieron la puerta de atrás para que salieron a rescatar a los pibes habrán pasado unos quince minutos y bastante tiempo hasta que llegó la manguera. Del relato de 36 detenidos en el pabellón 15, ante los miembros de la CPM.

“Muchos pibes llevaron los cuerpos pasando guardia armada; si pasás todo el perímetro de seguridad es ideal para irse. Pero no: iban y volvían… entonces, ¿qué intento de motín? ¿Qué intento de fuga? ¡Ninguno!”. Detenido del pabellón 15 ó 17.

“Íbamos haciendo el salvataje de los pibes. Cuando volvíamos a buscar más personas, nos agarraban ahí en el paso de control y nos llevaban esposados, castigados para los buzones”. Daniel C.

“Estaban más preocupados porque no nos escapemos que por los chicos que se morían”. David. F.

Que ellos sacaron a los heridos y también a los chicos muertos […] Que algunos sí respiraban y los guardiacárceles los amontonaban junto a los muertos, los metían a todos juntos. […] Que no había médicos ni enfermos en Sanidad y sólo había un tobo de oxígeno, los propios internos le colocaban oxígeno a los asfixiados que ingresaban a ese sector”. Del relato de 36 detenidos en el pabellón 15, ante los miembros de la CPM.

“A los que estaban agonizando los dejaron morir con los que ya estaban muertos”. Detenido del pabellón 15 ó 17

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