{"id":49565,"date":"2025-05-19T18:06:42","date_gmt":"2025-05-19T18:06:42","guid":{"rendered":"https:\/\/www.comisionporlamemoria.org\/museo\/?p=49565"},"modified":"2025-05-23T21:38:25","modified_gmt":"2025-05-23T21:38:25","slug":"chacabuco","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.comisionporlamemoria.org\/museo\/chacabuco\/","title":{"rendered":"CHACABUCO"},"content":{"rendered":"<p>[et_pb_section fb_built=\u00bb1&#8243; fullwidth=\u00bbon\u00bb _builder_version=\u00bb4.27.4&#8243; _module_preset=\u00bbdefault\u00bb global_colors_info=\u00bb{}\u00bb][et_pb_fullwidth_image src=\u00bbhttps:\/\/www.comisionporlamemoria.org\/museo\/wp-content\/uploads\/sites\/18\/2025\/05\/chacabuco.jpg\u00bb title_text=\u00bbchacabuco\u00bb _builder_version=\u00bb4.27.4&#8243; _module_preset=\u00bbdefault\u00bb global_colors_info=\u00bb{}\u00bb][\/et_pb_fullwidth_image][\/et_pb_section][et_pb_section fb_built=\u00bb1&#8243; _builder_version=\u00bb4.27.4&#8243; _module_preset=\u00bbdefault\u00bb global_colors_info=\u00bb{}\u00bb][et_pb_row _builder_version=\u00bb4.27.4&#8243; _module_preset=\u00bbdefault\u00bb global_colors_info=\u00bb{}\u00bb][et_pb_column type=\u00bb4_4&#8243; _builder_version=\u00bb4.27.4&#8243; _module_preset=\u00bbdefault\u00bb global_colors_info=\u00bb{}\u00bb][et_pb_text _builder_version=\u00bb4.27.4&#8243; _module_preset=\u00bbdefault\u00bb text_font=\u00bb|700|||||||\u00bb text_text_color=\u00bb#919191&#8243; text_font_size=\u00bb18px\u00bb text_letter_spacing=\u00bb0.5px\u00bb text_line_height=\u00bb1.8em\u00bb text_orientation=\u00bbcenter\u00bb hover_enabled=\u00bb0&#8243; global_colors_info=\u00bb{}\u00bb sticky_enabled=\u00bb0&#8243;]<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">\u201cHablar de Chacabuco es hablar de mi infancia, como tal, y en la distancia del tiempo, ha adquirido un relieve fantasmal, para m\u00ed. La idea cuando yo escribo o hablo de ese Chacabuco m\u00edo no es exactamente el Chacabuco que ahora existe ac\u00e1, a 200 kil\u00f3metros de Buenos Aires. Para m\u00ed, Chacabuco es aquel pueblito que relato, describo y en cierta medida recupero, aunque lo invento bastante, en La balada del \u00e1lamo Carolina. El Chacabuco de tapiales amarillos, del viejo Peliche, del viejo Ponce, del padre Doglia, de mi padre, de m\u00ed mismo, chico\u201d<\/p>\n<p>[\/et_pb_text][\/et_pb_column][\/et_pb_row][et_pb_row _builder_version=\u00bb4.27.4&#8243; _module_preset=\u00bbdefault\u00bb global_colors_info=\u00bb{}\u00bb][et_pb_column type=\u00bb4_4&#8243; _builder_version=\u00bb4.27.4&#8243; _module_preset=\u00bbdefault\u00bb global_colors_info=\u00bb{}\u00bb][et_pb_toggle title=\u00bbLA BALADA DEL \u00c1LAMO CAROLINA\u00bb _builder_version=\u00bb4.27.4&#8243; _module_preset=\u00bbdefault\u00bb global_colors_info=\u00bb{}\u00bb]<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>A mi madre, do\u00f1a Petrolina Lombardi de Conti, y a la ciudad de Chacabuco, mi pueblo.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">\n<p style=\"text-align: right;\">Ciruelo de mi puerta, si no volviese yo, la primavera siempre volver\u00e1.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">T\u00fa, florece.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">(An\u00f3nimo japon\u00e9s)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Uno piensa que los d\u00edas de un \u00e1rbol son todos iguales. Sobre todo si es un \u00e1rbol viejo. No. Un d\u00eda de un viejo \u00e1rbol es un d\u00eda del mundo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este \u00e1lamo Carolina naci\u00f3 aqu\u00ed mismo, exactamente, aunque el \u00e1lamo Carolina, por lo que se sabe, viene mediante estaca y \u00e9ste creci\u00f3 solo, asom\u00f3 un d\u00eda sobre esta tierra entre los pastos duros que la cubren como una pelambre, un pastito m\u00e1s, un miserable pastito expuesto a los vientos y al sol y a los bichos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y \u00e9l crey\u00f3, por un tiempo, que no iba a ser m\u00e1s que eso hasta que un d\u00eda not\u00f3 que sobrepasaba los pastos y cuando el sol vino m\u00e1s fuerte y templ\u00f3 la tierra se hinch\u00f3 por dentro y se puso r\u00edgido y sent\u00eda una gran atracci\u00f3n por las alturas, por trepar en direcci\u00f3n al cielo, y hasta sinti\u00f3 que hab\u00eda dentro de \u00e9l como un camino, aunque todav\u00eda no supiese lo que era eso, lo supo reci\u00e9n al a\u00f1o siguiente cuando los pastos quedaron todav\u00eda m\u00e1s abajo y detr\u00e1s de los pastos vio un alambrado y detr\u00e1s del alambrado vio el camino, que es una especie de \u00e1rbol recostado sobre la tierra con una rama aqu\u00ed y otra all\u00e1, igual de secas y rugosas en el invierno y que florecen en las puntas para el verano, pues todas rematan en un mechoncito de \u00e1rboles verdaderos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por ah\u00ed andan los hombres y el loco viento empujando nubes de polvo. Tambi\u00e9n ya sab\u00eda para entonces lo que era una rama porque, despu\u00e9s de las lluvias de agosto, sinti\u00f3 que su cuerpo se hinchaba en efecto aqu\u00ed y all\u00e1 y una parte de \u00e9l se qued\u00f3 ah\u00ed, no sigui\u00f3 m\u00e1s arriba, torci\u00f3 a un lado y creci\u00f3 sobre la tierra de costado igual que el camino.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ahora es un viejo \u00e1lamo Carolina porque han pasado doce veranos, por lo menos, si no lleva mal la cuenta. Ahora crece m\u00e1s despacio, casi no crece. En primavera echa las hojas en el mismo sitio que estuvieron el otro verano y por arriba brotan unas crestitas de un verde m\u00e1s encarnado que al caer el sol se encienden como por dentro, pero \u00e9l ahora no pretende m\u00e1s que eso, esa dulce luz del verano que lo recubre como un velo. Y dentro de esa luz est\u00e1 \u00e9l, el viejo \u00e1lamo, todo recuerdo. De alguna manera ya estaba as\u00ed hace doce veranos cuando asom\u00f3 sobre la tierra y crecer no fue nada m\u00e1s que como pensarse. S\u00f3lo que ahora recuerda todo eso, se piensa para atr\u00e1s, y no nace otro \u00e1rbol. En eso consiste la vejez. Verde memoria.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ahora es el comienzo del verano justamente y acaba de revestirse otra vez con todas sus hojas, de manera que como reci\u00e9n est\u00e1n echando el verde m\u00e1s fuerte (son como peque\u00f1os \u00e1rboles cada una) por la tarde, cuando el sol declina y se mete entre las ramas el \u00e1lamo se enciende como una l\u00e1mpara verde, y entonces llegan los p\u00e1jaros que se remueven bulliciosamente entre las hojas buscando d\u00f3nde pasar la noche y es el momento en que el viejo \u00e1lamo Carolina recuerda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A prop\u00f3sito de la noche, los p\u00e1jaros y el verano. Recuerda, por ejemplo, a prop\u00f3sito de los p\u00e1jaros, el primero de ellos que se pos\u00f3 sobre la primera rama, que ha quedado all\u00e1 abajo pero entonces era el punto m\u00e1s alto, ya casi no da hojas y es tan gruesa como un peque\u00f1o \u00e1rbol. En aquel tiempo era su parte m\u00e1s viva y sinti\u00f3 el p\u00e1jaro sobre su piel, un agitado montoncito de plumas. Descans\u00f3 un rato y luego reemprendi\u00f3 el vuelo. Reci\u00e9n dos veranos despu\u00e9s, cuando divis\u00f3 la primera casa de un hombre y detr\u00e1s de ella la relampagueante l\u00ednea del ferrocarril, una montera arm\u00f3 un nido en la horqueta de la \u00faltima rama. Cort\u00f3 y anud\u00f3 ramitas pacientemente y as\u00ed el \u00e1lamo se convirti\u00f3 en una casa, supo lo que era ser una casa, el alma que tiene una casa, como antes supo del camino y del alma del camino, ese ancho \u00e1rbol florecido de sue\u00f1os. El nido se columpiaba al extremo de la rama y \u00e9l, aunque gustaba del loco viento de la tarde, procuraba no agitarse mucho por ese lado, le dio todo el cobijo que pudo, ech\u00f3 para all\u00ed m\u00e1s hojas que otras veces.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al final del verano los pichones saltaron del nido y los sinti\u00f3 desplazarse temblorosos sobre la rama con sus delgadas patitas, tomar impulso una y otra vez y por fin lanzarse y caer en el aire como una hoja. Un \u00e1rbol en verano es casi un p\u00e1jaro. Se recubre de crocantes plumas que agita con el viento y sube, con s\u00f3lo desearlo, desde el fondo de la tierra hasta la punta m\u00e1s alta, salta de una rama a otra todo pajarito, ave de madera en su verde jaula de fronda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ese verano fue el mismo del ferrocarril. Antes viene la casa. No vio la casa por completo, ni siquiera cuando, a\u00f1os despu\u00e9s, trep\u00f3 mucho m\u00e1s alto, sino lo que ve ahora mismo desde el brote m\u00e1s empinado, un techo de chapas que se inflama con el sol y una chimenea blanca que al atardecer lanza un penacho de humo. A veces el viento trae algunas voces.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con todo \u00e9l ha llegado hasta la casa en alguna forma, a trav\u00e9s de las hojas de oto\u00f1o que arrastra el viento. Con sus viejos ojos amarillos ha visto la casa aun por dentro, ha visto al hombre, flaco y duro con la piel resquebrajada como la corteza de las primeras ramas, la mujer que huele a humo de madera, un par de chicos silenciosos con el pelo alborotado como los plumones de un pich\u00f3n de montera.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con sus viejas manos amarillas ha golpeado la puerta de tablas quebradas, ha acariciado las descascaradas paredes de adobe encalado, y mano y ojo y amarillas alas de oto\u00f1o ha corrido delante de la escoba de ma\u00edz de Guinea y trepado nuevamente al cielo en el humo oloroso de una fogata que anuncia el fr\u00edo, el tiempo dormido del \u00e1rbol y la tierra.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El ferrocarril pasa por detr\u00e1s de la casa pero hubo de trepar hasta el otro verano, cuando volvieron las hojas y los p\u00e1jaros, para entrever el brillo furtivo de las v\u00edas cortando a trechos la tierra. Ya hab\u00eda sentido el ruido, ese oscuro tumulto que agitaba el suelo porque el \u00e1rbol crec\u00eda tanto por arriba como por debajo. Por debajo era un \u00e1rbol h\u00famedo de largas y h\u00famedas ramas nacaradas que penetraban en la tibia noche de la tierra.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por ah\u00ed viv\u00eda y sent\u00eda el \u00e1rbol principalmente, por ah\u00ed su d\u00eda era un d\u00eda del mundo, as\u00ed de ancho y profundo, porque la tierra que palpitaba debajo de \u00e9l le enviaba toda clase de se\u00f1ales, era un fresco cuerpo lleno de vida que respiraba dulcemente bajo las hojas y el pasto y sosten\u00eda cuanto hay en este mundo, incluso a otros \u00e1rboles con los cuales el viejo \u00e1lamo Carolina se comunicaba a trav\u00e9s de aquel h\u00famedo coraz\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al este, por donde nace el sol, hab\u00eda un bosque. Lo divis\u00f3 una ma\u00f1ana con sus ojos verdes m\u00e1s altos y todas sus hojas temblaron con un brillo de escamas. Era un \u00e1rbol m\u00e1s grande, el m\u00e1s grande y formidable de todos. Al caer la tarde, con el sol cruzado barriendo oblicuamente los pastos que parec\u00edan mansas llamitas, los \u00e1rboles aquellos ardieron como un gran fuego. Por la noche, el \u00e1lamo apunt\u00f3 una de sus delgadas ramas subterr\u00e1neas en aquella direcci\u00f3n y recibi\u00f3 la respuesta. No era un \u00e1rbol m\u00e1s grande, era un bosque, es decir, un mont\u00f3n de ellos, tierra emplumada, alta y rumorosa hermandad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfPor qu\u00e9 no estaba \u00e9l all\u00ed? \u00bfPor qu\u00e9 hab\u00eda nacido solitario? \u00bfAcaso \u00e9l no era como un resumen del bosque, cada rama un \u00e1rbol? Todas estas preguntas le respondi\u00f3 el bosque, sus hermanos, noche a noche. Esta y muchas otras porque a medida que se pon\u00eda viejo, en medio de aquella soledad, se llenaba de tantas preguntas como de p\u00e1jaros a la tardecita. Los \u00e1rboles no duermen propiamente, se adormecen, sobre todo en invierno cuando las altas estrellas se deslizan por sus ramas peladas como fr\u00edas gotas de roc\u00edo. Es entonces cuando sienten con m\u00e1s fuerza todas aquellas voces y se\u00f1ales de la tierra.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los animales de la noche salen de sus madrigueras y roen la oscuridad, un p\u00e1jaro desvelado vuela hacia la luz de una casa, un bulto negro trota por el camino, los grillos vibran entre los pastos como cuerdas de cristal, un perro a\u00falla en la lejan\u00eda, el hombre se da vuelta en la cama y piensa cu\u00e1ntas fanegas dar\u00e1 el cuadro de trigo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En este mismo momento, en esta noche tan quieta, la semilla est\u00e1 trabajando ah\u00ed abajo, el \u00e1rbol la siente germinar, siente su peque\u00f1o esfuerzo, c\u00f3mo se hincha y se despliega y recorre, pulgada por pulgada, el mismo camino que ha trazado el deseo del hombre, que ha vuelto a dormirse y sue\u00f1a con una suave marea de espigas amarillas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y fue por ah\u00ed, por la tierra, que el \u00e1rbol tuvo noticias del ferrocarril cuando un d\u00eda sinti\u00f3 ese tumulto que subi\u00f3 por sus ra\u00edces. Tiempo despu\u00e9s, luego de divisar la morada del hombre, vio por fin aquella alocada y ruidosa casa que con chimenea y todo corr\u00eda sobre la tierra, y supo por ella que adem\u00e1s de los p\u00e1jaros gran parte de cuanto vive se mueve de un lado a otro y el viejo \u00e1lamo, que entonces no era tan viejo pero s\u00ed \u00e1rbol completo, sinti\u00f3 por primera vez el dolor de su fijeza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00c9l s\u00f3lo pod\u00eda ir hacia arriba trazando un corto camino en el cielo y al comienzo del oto\u00f1o volar en figura seg\u00fan el viento en la trama de sus hojas. En cierto momento, despu\u00e9s de la casa, el tren se transportaba entre sus ramas y a veces el penacho de humo llegaba hasta el mismo \u00e1lamo. Esto depend\u00eda del viento, del cual, por instrucci\u00f3n de los p\u00e1jaros, el viejo \u00e1lamo hab\u00eda aprendido a extraer otros muchos sucesos. Seg\u00fan soplase, \u00e9l agitaba sus hojas como verdes plumas y simulaba temblorosos vuelos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El viento sub\u00eda y bajaba en frescas turbonadas por dentro de aquella jaula vegetal provocando, de acuerdo a la disposici\u00f3n del follaje, murmullos y silbidos que complac\u00edan al \u00e1rbol m\u00fasico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todo esto se aprende con los a\u00f1os, un verano tras otro, y luego para el \u00e1rbol son materia de recuerdo en el invierno. El invierno comienza para \u00e9l con la ca\u00edda de la primera hoja. Un poco antes nota que se le adormecen las ramas m\u00e1s viejas y despu\u00e9s el sue\u00f1o avanza hacia adentro aunque nunca llega al coraz\u00f3n del \u00e1rbol. En eso siente un tironcito y la primera hoja planea sobre el suelo. As\u00ed empieza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s cae el resto y el viento las revuelve, las dispersa, corren y se entremezclan con las hojas de otros \u00e1rboles, cuando el viejo \u00e1lamo Carolina ya se ha adormecido y piensa quietamente en el luminoso verano que, de alg\u00fan modo, ya est\u00e1 en camino a trav\u00e9s de la tierra, por el tibio surco de su savia. La lluvia oscurece sus ramas y la escarcha las abrillanta como si fuesen de almendra. Algunas se quiebran con los vientos y el \u00e1rbol se despabila por un momento, siente en todo su cuerpo esa peque\u00f1a muerte aunque \u00e9l todav\u00eda se sostiene, sabe que perdurar\u00e1 otros veranos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hasta que all\u00e1 por septiembre memoria y suceso se juntan en el tiempo y un dulce cosquilleo sube desde la oscuridad de la tierra, reanima su piel, desentumece las ramas y el viejo \u00e1lamo Carolina se brota nuevamente de verdes ampollas. El aire ahora es m\u00e1s tibio y el hombre, al que observa desde el brote m\u00e1s alto, recorre el campo y esp\u00eda las crestitas verdes que acaban de aparecer sobre la tierra.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para mediados de octubre el viejo \u00e1lamo est\u00e1 otra vez recubierto de firmes y oscuras hojas que brillan con el sol cuando la brisa las agita a la ca\u00edda de la tarde. El sol para este tiempo es m\u00e1s firme y proyecta sobre el suelo la enorme sombra del \u00e1rbol.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fue en este verano, cuando el sol estaba bien alto y la sombra era m\u00e1s negra, que el hombre se acerc\u00f3 por fin hasta el \u00e1rbol. \u00c9l lo vio venir a trav\u00e9s del campo, negro y preciso sobre el caballo sudoroso. El hombre baj\u00f3 del caballo y penetr\u00f3 en la sombra. Se quit\u00f3 el sombrero cubierto de tierra, despu\u00e9s de mirar hacia arriba y aspirar el fresco que se descolgaba de las ramas, y se quit\u00f3 el sudor de la frente con la manga de la camisa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s el hombre, que parec\u00eda tan viejo como el viejo \u00e1lamo Carolina, se sent\u00f3 al pie del \u00e1rbol y se recost\u00f3 contra el tronco. Al rato el hombre se durmi\u00f3 y so\u00f1\u00f3 que era un \u00e1rbol.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[\/et_pb_toggle][\/et_pb_column][\/et_pb_row][et_pb_row _builder_version=\u00bb4.27.4&#8243; _module_preset=\u00bbdefault\u00bb global_colors_info=\u00bb{}\u00bb][et_pb_column type=\u00bb4_4&#8243; _builder_version=\u00bb4.27.4&#8243; _module_preset=\u00bbdefault\u00bb global_colors_info=\u00bb{}\u00bb][et_pb_code _builder_version=\u00bb4.27.4&#8243; _module_preset=\u00bbdefault\u00bb global_colors_info=\u00bb{}\u00bb]<a href=\"https:\/\/www.comisionporlamemoria.org\/museo\/project\/como-un-leon-haroldo-conti\/\" class=\"float\"><!-- [et_pb_line_break_holder] --><i class=\"fa fa-arrow-left my-float\"><\/i><!-- [et_pb_line_break_holder] --><\/a><!-- [et_pb_line_break_holder] --><\/p>\n<style>.float{<!-- [et_pb_line_break_holder] -->\tposition:fixed;<!-- [et_pb_line_break_holder] -->\twidth:60px;<!-- [et_pb_line_break_holder] -->\theight:60px;<!-- [et_pb_line_break_holder] -->\tbottom:40px;<!-- [et_pb_line_break_holder] -->\tright:40px;<!-- [et_pb_line_break_holder] -->\tbackground-color:#bf213d\t;<!-- [et_pb_line_break_holder] -->\tcolor:#fff;<!-- [et_pb_line_break_holder] -->\tborder-radius:5px;<!-- [et_pb_line_break_holder] -->\ttext-align:center;<!-- [et_pb_line_break_holder] -->\tbox-shadow: 2px 2px 3px #999;<!-- [et_pb_line_break_holder] -->}<!-- [et_pb_line_break_holder] --><!-- [et_pb_line_break_holder] -->.my-float{<!-- [et_pb_line_break_holder] -->\tmargin-top:22px;<!-- [et_pb_line_break_holder] -->}<\/style>\n<p>[\/et_pb_code][\/et_pb_column][\/et_pb_row][\/et_pb_section]<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cHablar de Chacabuco es hablar de mi infancia, como tal, y en la distancia del tiempo, ha adquirido un relieve fantasmal, para m\u00ed. 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