Dibujos y acuarelas de Adolfo Pérez Esquivel
Cincuenta años después del golpe, la memoria vuelve a encontrar a Adolfo Pérez Esquivel en el espacio público. En junio de 2026, frente a la Casa Rosada, participó de un ayuno de ocho días para denunciar el hambre y reclamar por la vida y la dignidad de quienes atraviesan situaciones de pobreza y exclusión. “Ayunamos para denunciar el hambre. Nos reunimos para defender la vida. Oramos para sostener la esperanza”, expresaba la convocatoria. Una vez más, él estuvo presente allí donde la palabra necesita convertirse en acción.
Antes de ser reconocido internacionalmente por su compromiso con los derechos humanos y la paz, Adolfo Pérez Esquivel era (sigue siendo) un artista. Formado en las artes visuales y docente durante años, encontró en la pintura, el dibujo y la escultura una forma de mirar y de expresar aquello que lo atraviesa. “El arte no se diferencia de la vida”, ha dicho. “Es la forma de decir algo que uno tiene adentro y que quiere transmitirlo”.
Su vida y su obra se fueron entrelazando con la historia política de América latina. Desde el Servicio Paz y Justicia (SERPAJ) acompañó la lucha de los pueblos y denunció las violaciones a los derechos humanos cometidas por las dictaduras del continente. En 1977 fue detenido y torturado por la dictadura argentina y sufrió un simulacro de vuelo de la muerte. Tres años después, todavía bajo el régimen militar, recibió el Premio Nobel de la Paz. Hizo de aquel reconocimiento una voz para quienes no podían ser escuchados.
En sus acuarelas y dibujos la historia aparece de otra manera: no buscan explicarla ni ilustrarla. El color, el agua, los rostros y las formas construyen un espacio donde la memoria se vuelve sensibilidad. Hay escenas que duelen, pero también hay gestos, paisajes y presencias que hablan de la posibilidad de seguir viviendo. “El arte genera memoria. Nosotros pasamos y el arte queda”.
Por eso estas obras no nos invitan solamente a recorrer lo vivido durante 50 años. Nos preguntan qué hacemos hoy con este camino, qué democracia construimos, qué lugar le damos a los otros, qué hacemos frente al hambre, la injusticia y la exclusión. Porque -para Adolfo- la memoria no es un lugar donde quedarse: “La memoria no es para quedarnos en el pasado, la memoria nos ilumina el presente”.
Hoy, como presidente honorario del SERPAJ y presidente de la Comisión Provincial por la Memoria, Adolfo continúa haciendo de la memoria, la paz y los derechos humanos una práctica viva. También sigue pintando.
Estas acuarelas y dibujos son parte de esa historia. Una historia que todavía estamos escribiendo.