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políticas penitenciarias

Corrupción

 

La corrupción estructural del Servicio Penitenciario es uno de los núcleos problemáticos del sistema penal en la provincia. No sólo porque atraviesa todos los niveles institucionales, sino porque se ha consolidado a partir de la impunidad.

Numerosas denuncias nunca investigadas por la justicia dan cuenta de la connivencia entre proveedores y funcionarios de la administración provincial. Contrataciones directas sin ceñirse a la ley, sobreprecios, adjudicaciones arbitrarias y pagos desmedidos en compras. La corrupción se registra en el nivel central, las autoridades de las unidades y los agentes en su relación con los detenidos. En gran parte de su accionar cotidiano, los agentes penitenciarios cometen delitos que la justicia no persigue.

La creatividad penitenciaria para la corrupción es asombrosa e inagotable, también el encubrimiento. La venta de mercadería pagada por el Estado; la adulteración de remitos en los que se hace figurar una descarga de productos que la efectivamente ingresada; la descarga de alimentos distintos a los que se acuerdan en los contratos (por ejemplo carne de toro en lugar de carne de vaquillona) o productos de segunda marca por los de primera que se pagaron son apenas algunos ejemplos de las prácticas corruptas habituales en el Servicio Penitenciario.

Las compras millonarias se realizan, los pagos llegan a las manos de los proveedores y parte de los productos se descargan en las unidades penales. De lo que llega, los funcionarios jerárquicos se llevarán la bolsa o caja de provisiones semanales a su propia casa. Agentes o detenidos que trabajan en cocina se encargan de preparar ese desvío de las provisiones y cargarlas en vehículos particulares de la oficialidad. Se trata de una práctica que de tan habitual hasta cuenta con una palabra para designarla en la jerga carcelaria: la runcha, Causa de que a los detenidos les llegue tan escaso porcentaje de lo que el Estado compra para ellos.

En la cárcel, los agentes roban las pertenencias de los detenidos (electrodomésticos, ropa, zapatillas y comida) personalmente o a través de grupos de detenidos que roban el Servicio. Para eso se liberan determinados sectores de la cárcel.

También se roba en las requisas a los detenidos y al momento de ingresar los familiares alimentos o medicamentos. La distribución de drogas en las unidades es cometida o controlada por los agentes penitenciarios y existen numerosas denuncias de detenidos a quienes permiten salir a robar a la calle.