BASES Y CONDICIONES

Los 41 años del fin de la dictadura cívico-militar son una oportunidad para repensar los desafíos que enfrentamos. También para reconstruir las luchas que hemos sostenido como sociedad. Recuperar esas historias nos sirve para trabajar y fortalecer la idea de una democracia que no se defina únicamente en vínculo y contraposición a la dictadura. Sin desconocer la marca indeleble que forjó la violencia estatal dictatorial, se trata de pensar la democracia como la historia de las luchas de las mayorías contra la desigualdad,  por más derechos, y oportunidades para todes.

En los primeros años 80 el desafío fue superar el miedo a la participación, ganar las calles, reaprender qué era la militancia política, la participación estudiantil, la organización popular, la lucha sindical, la educación en libertad. Todo eso implicó conocer el pasado inmediato, enfrentarse con el horror de la dictadura y los 30.000 desaparecidos. Fue creer en la democracia y tener la certeza de que la verdad y la justicia eran sus pilares fundamentales.

En aquellos tiempos se activaron el pensamiento, la solidaridad, la pluralidad, el disenso, la libertad.

Los años 90 fueron los tiempos en que se aprendió dolorosamente que también es posible votar gobiernos que atenten contra los intereses de las grandes mayorías. Fue el momento del neoliberalismo, cuando se privatizó el Estado, el mercado se impuso como el ordenador del mundo y la única forma de salvarse parecía ser solo y contra los demás.

Sin embargo, hubo muchos que siguieron participando, luchando por los intereses de todos y todas, creyendo que no se puede ser feliz si otros sufren la violencia de la desocupación, de la pobreza e indigencia, del hambre, del gatillo fácil, de las torturas. Aún en tiempos difíciles, muchos siguieron activando el pensamiento, la solidaridad, la pluralidad, el disenso, la libertad, aun cuando desde el poder se decía que la historia había llegado a su fin.

Pero la historia no terminó. Esas luchas pusieron en cuestión las políticas neoliberales, el pueblo en la calle exigió un cambio de rumbo, un giro de la historia. Vino otro momento de conquista de derechos. Se anularon las leyes de la impunidad, mucha gente volvió a tener trabajo, disminuyó el hambre, aumentó el salario, dejó de crecer la deuda externa y el Estado recuperó cierto protagonismo.

Sin embargo, la segunda desaparición de Jorge Julio López, testigo en causas contra los genocidas, marcó lo pendiente. Entre otras cuestiones, siguió habiendo una enorme brecha social entre ricos y pobres, había que luchar contra la tortura y el gatillo fácil, terminar con las violaciones de derechos humanos que padecen las personas detenidas, las niñeces pobres o las personas con padecimiento mental. También hacía falta transformar y democratizar las fuerzas de seguridad, fortalecer el Estado, seguir cimentando la solidaridad, la organización y sobre todo la idea de que no es lo que tenés o consumís lo que te hace mejor en la vida, sino la realización con les otres en nuestra comunidad. Por eso muchos no se recluyeron en sus casas a disfrutar solos el bienestar sino que siguieron pensando que la felicidad no es posible si unos sufren la precariedad mientras otros disfrutan el privilegio.

El presente es complejo y difícil. Hemos atravesado otros tiempos de promesas  neoliberales; el país fue endeudado y nuevamente empobrecido mientras esas promesas de felicidad se disolvían en el aire. Cambió el gobierno con esperanzas de transformación y vinieron los años duros de la pandemia.

La pobreza ha crecido. También la desocupación y la inflación. No ha disminuido la violencia, la represión policial ni la tortura en las cárceles y una gran deuda pervive: la gran brecha de desigualdad. Grandes sectores de la población no gozan plenamente de sus derechos. Viven en la precariedad aún muchos de los que están insertos en el mercado de trabajo. Casi el 60% de la población vive en la pobreza y el 15 % directamente en la indigencia.

El futuro aparece incierto. Este desasosiego colectivo y la falta de proyectos de garantía de derechos para las grandes mayorías, llevan al descontento con la propia democracia. Son el caldo de cultivo de la emergencia de expresiones políticas autoritarias y fascistas que pretenden tirar por la borda todas las conquistas de más de un siglo de luchas populares.

Con discursos anti derechos y la pretensión de negar y relativizar los crímenes contra la humanidad ocurridos en el pasado reciente, pretenden construir un nuevo sentido de la política que juega dentro del sistema democrático, pero que quiere destruirlo. Al mismo tiempo se ataca a los feminismos, los movimientos LGBTQ, las víctimas de violencias del estado en el presente, los pobres y excluidos que resisten y reclaman, los manifestantes y quienes piensan diferente, reforzando los discursos de odio que promocionan las violencias, la mano dura del estado, la justificación de la tortura y la muerte.

Desprecian al Estado pero lo usan para beneficiar la concentración de riqueza en los grandes y poderosos  grupos económicos y para controlar con violencia a quienes se oponen a su modelo. Hacen culto del individualismo y el “sálvese quien pueda”, escondiendo la inexistencia de igualdad de oportunidades o los privilegios de nacimiento. Reclaman la vigencia extrema del libre mercado que no existe en ningún país del mundo, pero dictan normativas que favorecen solo a unos pocos, contra los que no se puede competir en igualdad de condiciones.

Por eso, a 41 años de democracia, es importante pensar y ejercer la democracia como un territorio de disputas, inseparable de la lucha por los derechos humanos.  El campo de acción de los derechos humanos no se reduce a la mejora de estándares normativos o enseñar derechos para promoverlos, se inscribe en una disputa más amplia de los sectores populares por bienes simbólicos, políticos y materiales distribuidos equitativamente. No se trata de reducir los riesgos en una sociedad desigual o mejorar las competencias para aprovechar las oportunidades, sino de lograr que se realicen la equidad e igualdad.

En esta disputa, las nuevas generaciones son el mayor desafío y nos impulsan a generar espacios de conversación e intercambio intergeneracional que nos permitan recuperar la democracia como vía para la conquista de derechos. Escuchando sus demandas y las múltiples insatisfacciones del pueblo frente a la experiencia de vivir desgarrados por la desigualdad, pero también rescatando la política como herramienta para transformar la sociedad y puesta al servicio de los que padecen no acceder a derechos básicos.

Se trata de imaginar un proyecto donde vivir juntes albergue la posibilidad y el deseo de transformar las condiciones estructurales que generan las injusticias. Ese es el horizonte de expectativas que deben abrir los derechos humanos y los trabajos de memoria, para que al fin la democracia garantice DERECHOS PARA TODES.

 1. OBJETIVO

Promover en les jóvenes el sentido crítico sobre el pasado y el presente como parte del proceso de construcción de su identidad y de su inscripción a la sociedad a la que pertenecen, en el marco del proceso de profundización de la democracia.

2. LOS TEMAS DE LAS INVESTIGACIONES

Los grupos de trabajo deberán elegir un tema de investigación relevante en su comunidad. Para orientar la pertinencia del problema proponemos optar por alguno de los siguientes ejes:

  1. Biografías de desaparecides
  2. Guerra de Malvinas
  3. Percepciones actuales sobre la dictadura
  4. Vida cotidiana durante la dictadura
  5. Centros clandestinos, marcas y sitios de memoria
  6. Episodios locales de represión y resistencia
  7. Seguridad y derechos humanos
  8. Episodios de violencia policial en democracia
  9. Desigualdad y exclusión social
  10. Derecho a la salud
  11. Prácticas educativas de ayer y de hoy
  12. La educación como derecho
  13. Migrantes, identidades y fronteras
  14. Historias e identidades en nuestra comunidad
  15. Derecho a un ambiente digno
  16. Desarrollo económico, sustentabilidad y derechos humanos
  17. Trabajo infantil
  18. Políticas y transformaciones económicas
  19. Luchas obreras y mundo del trabajo
  20. Género y derechos humanos
  21. Diversidades sexuales y de género
  22. Militancias y organización popular
  23. Arte y cultura
  24. Discursos dominantes y medios de comunicación

IMPORTANTE: Quedarán excluidos del Programa los temas NO conectados a los derechos humanos: bullying, violencia escolar, embarazo adolescente, adicciones, seguridad vial, casos policiales (situaciones o delitos comunes que no ponen en cuestión el rol del Estado). La violencia policía o institucional, casos de tortura, golpes u hostigamiento policial SI se enmarcan en la perspectiva de los derechos humanos. En estas situaciones, intervienen agentes de los organismos de control del Estado: casos de gatillo fácil o violencia policial son parte de las temáticas que nos interesa abordar desde el Programa.

3. ¿QUIÉNES PUEDEN PARTICIPAR?

Pueden participar estudiantes de escuelas secundarias públicas y privadas; integrantes de organizaciones sociales, políticas y culturales de la provincia de Buenos Aires.

Se recibirá UN SOLO proyecto por institución.

4. ¿QUÉ IMPLICA SER PARTE DEL PROGRAMA?

  • Definir un tema de interés y recortar un objeto de estudio situado en el ámbito local, fundamentando su pertinencia con la problemática de los derechos humanos y la memoria.
  • Participar en las instancias de capacitación e intercambio que propone la CPM tanto para coordinadores como para jóvenes. La no participación en estas instancias podrá ser motivo para interrumpir la continuidad en el programa.
  • Elaborar un proyecto de investigación, sustentado por un trabajo de búsqueda de información y reflexión del tema elegido.
  • Construir un relato que permita transmitir a otres los resultados de la investigación.
  • Propiciar la difusión en la comunidad del trabajo realizado a través de un producto: mural, obra de teatro, fotografía, audiovisual, música, libro, programa radial, etc.