Kevin toma dos colectivos para llegar a Campana y de ahí un remisse hasta la cárcel donde están sus hermanos. Tiene cronometrado el tiempo, dice que saliendo a las tres de la mañana, llega a las 6.

Ayra se toma un colectivo hasta Once, el tren hasta Marcos Paz, otro colectivo que la acerca y el último tramo caminando. Tiene 17 años y hace ese recorrido para ver a su tío.

Milagros agarra el colectivo, después el tren y después tomamos otro colectivo que hace un viaje muy largo hasta allá. Allá es la cárcel de Marcos Paz donde está su papá. Milagros tiene 11 años.

Una vez que llegan, pasan por tres filas, los penitenciarios requisan las cosas y las personas. “Te bardean, te rompen la comida. Te tratan como menos, como si tuviésemos menos derechos”, dicen.

Si pueden, todas las semanas hacen el mismo recorrido y pasan por las mismas filas y si tienen suerte llegan al final: “Lo único bueno es que podés ver a la persona y compartir aunque sea un ratito, un abrazo”, dicen.

Nicole, Juan, Mili, Eze, Priscilla, Dani, Uriel participaron de Jóvenes y Memoria, son parte de la Asociación civil de familiares de detenidos en cárceles federales. “Se armó un grupo con los niños y niñas que íbamos a las visitas en penales, hacíamos encuentros y empezamos a hablar de todo esto, porque era el único lugar donde podíamos hablar”.

#estoeschapa