Durante seis días, nadie supo nada de Luly Ortíz. La noche del sexto día su cuerpo apareció enterrado en el patio de la casa donde su mamá había dicho que estuvo la noche de su desaparición.

“Si mi mamá no la salía a buscar, seguiría enterrada en ese patio”, asegura Viviana Rojas, hermana de Luly. Viviana estuvo en Chapadmalal, acompañando la presentación del bachillerato de la Escuela 29 de Salto.

El 7 de febrero Luly fue a la casa que compartían Héctor Retamal y su pareja; en el patio de esa misma casa la encontraron. Los dos fueron imputados: Retamal, que en ese momento tenía prisión domiciliaria, está en la cárcel; su compañera en libertad.

“Corrupción policial, adicciones y violencia de género, todo eso confluyó en el femicidio de Luly”, dicen Néstor y Lorena. Y explican que se valieron de los problemas de consumo de Luly para someterla, que el imputado era un tranza del pueblo y que él mismo declaró que la policía se quedaba con el 50 %.

“Llevamos el dolor y la lucha, todo junto. Y están también los hijos de ella, que la recuerdan todos los días”, cierra Viviana, al lado de les jóvenes del bachillerato que se comprometieron a seguir una causa, para que el femicidio no se olvide ni quede impune.

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