Gabriela, Nicolás, Anabela, Mauro, Alejo, Ramiro, Soledad, Nelson y Micaela tienen entre 17 y 19 años. Cursan 6° año en el CEPT 31 del Paraje Pablo Acosta, ubicado entre Azul, Benito Juárez, Tandil y Olavarría.
 
En el campo las mujeres hachan leña, cuidan animales, recorren, marcan, vacunan, cuidan a los hijos, cocinan, limpian, ordenan.
 
“Es hora de romper con la creencia de que las mujeres estamos felices haciendo todo lo que nos mandan hacer”, dice Anabela. Tiene 17 años y vive en un establecimiento rural de Azul. “Nosotras también trabajamos en el campo, pero el reconocimiento es hacia los varones, no hacia nosotras”.
 
“Nuestros padres se acostumbraron a vivir en el patriarcado, pero nosotros no vamos a permitir que nos pase lo mismo”, dice Nelson que tiene 18 años y también vive en Azul. Para Micaela “El cambio empieza por nosotras. Tenemos la esperanza de que se pueda romper con las creencias y transformar las injusticias que nos atraviesan también en el campo”.
 
Trajeron una obra de teatro y los testimonios de sus madres, hermanas y compañeras. El objetivo: romper con las creencias naturalizadas y cuestionar las desigualdades que convalidan el patriarcado en el marco de un sistema de explotación laboral que tiene como víctimas a varones y mujeres.
 
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