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El mundo de los que luchan: la DIPPBA tras los pasos del Comandante Segundo

Historias dippba

A 90 AÑOS DEL NACIMIENTO DE JORGE RICARDO MASETTI

En 1963 Jorge Ricardo Masetti se instala en las selvas salteñas, conocido como Comandante Segundo. El Ejército Guerrillero del Pueblo fue desmantelado en poco más de un año. En los primeros meses de 1964, los ataques de Gendarmería Nacional sobre los campamentos rebeldes y las detenciones de muchos de sus integrantes aceleran el final; el 21 de abril será históricamente considerado el día de la desaparición de Masetti, su cuerpo nunca aparece. Había nacido el 31 de mayo de 1929. A 55 años de su desaparición, y en un nuevo aniversario de su natalicio, la Comisión Provincial por la Memoria (CPM) comparte documentos de la Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires (DIPPBA) que revelan la persecución y espionaje sobre la guerrilla salteña.

En 1958, como reportero de la radio “El Mundo”, el periodista Jorge Ricardo Masetti se metió en Sierra Maestra para conocer qué estaba pasando en Cuba, tenía un objetivo de última, entrevistar a Fidel Castro y a Ernesto “Che” Guevara. Lo consiguió. En el camino, conoció a los hombres y mujeres que libraban la lucha revolucionaria. Presenció los bombardeos con Napalm, los enfrentamientos, cargó un revólver sin nunca haber tirado un tiro.

En el aeropuerto, antes de partir a Argentina, recordó a esos hombres, recordó a los hombres de Santiago de Cuba que le habían dicho: “Los orientales, por tradición, luchan, no lloran”.  Y él, en ese momento, sintió la sensación de que desertaba, de que retornaba al mundo de los que lloran. Tras el triunfo de la revolución cubana, fue fundador y director de la agencia de noticias Prensa Latina, volvió a tener contacto con la guerrilla cuando marchó a Argelia.

La experiencia de Sierra Maestra lo marcó, lo acercó hasta su desaparición a las causas revolucionarias y fue ahí donde forjó la idea de traer la lucha armada en Argentina. Masetti volvió a aparecer en 1963 en Salta al frente del Ejército Guerrillero del Pueblo; sólo un pequeño grupo de rebeldes lo acompañan y lo conocen por su nombre de guerra: Comandante Segundo.

Desde el principio, la actividad de la primera guerrilla guevarista en Argentina fue vigilada por las fuerzas armadas y de seguridad, y también por los servicios de inteligencia. Extrañamente, en el archivo de la Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires (DIPPBA) no hay ficha personal de Masetti, pero sí hay un largo legajo sobre la persecución y espionaje a la guerrilla salteña. En los documentos de la DIPPBA, Masetti sólo es el Comandante Segundo.

El Memorándum Nº 30, del departamento “C”, que recibía toda la documentación atinente a las actividades comunistas y consideradas como tales, llega a la dirección central de la inteligencia bonaerense con fecha del 20 de marzo de 1964; casi un mes antes de la desaparición de Masetti, pocos días después de la detención de siete militantes comunistas que aceleró el desmantelamiento definitivo del Ejército Guerrillero del Pueblo.

“La mayor parte de las informaciones suministradas, con referencia a la organización general de guerrillas en la zona de Santa Rosa, fueron proporcionadas por confidentes de Coordinación Federal, infiltrados en la misma”, dice el informe de la DIPPBA. A partir de esa infiltración y las posteriores detenciones, la información recolectada en ese memorándum es una reconstrucción entera del funcionamiento del grupo guerrillero que lideraba el Comandante Segundo.

El documento de inteligencia menciona que los siete detenidos “formaban parte de un campamento llamado “ABAJO” tenían en su poder armas, municiones, explosivos, equipos, materiales, víveres y medicamentos suficientes como para subsistir y combatir por un considerable tiempo […] El campamento de abajo estaba destinado a la concentración y selección psicofísica de los candidatos previamente elegidos en distintos lugares del país”.

Los militantes que mostraban condiciones y aptitud física y militar eran trasladados a un segundo campamento que denominaban de “ARRIBA”. “El campamento de arriba constituía la verdadera base de operaciones de guerrilla. Los elementos que eran llevados a este campamento, prácticamente no volvían más. El Jefe de este campamento es uno denominado `Comandante Segundo´”, continúa el informe.

En esos primeros días de marzo de 1964, miembros del Ejército Guerrillero del Pueblo siguieron cayendo, algunos en enfrentamientos, otros detenidos. En esas acciones, se secuestra una carta que estaba dirigida al Comandante Segundo. Allí, uno de los militantes refiere, con entusiasmo, sobre la adhesión a la causa revolucionaria: “En un rato, si tenemos fusiles, junto centenares, dijo la compañera. Para vivir infelices como vivimos, echados de un lado al otro los cachis (perros), morimos peleando, haciendo la guerra, aunque sea que los chicos vivan mejor que nosotros”, se lee en la carta robada por las fuerzas de seguridad.

Muchos meses antes, con el mismo entusiasmo, Masetti le escribía a su compañera: “Nuestro contacto con el pueblo es desde todo punto de vista positivo. Pero lo más importante es que quieren pelear… Es ésta una región en que la miseria y las enfermedades alcanzan el máximo posible, lo superan. Impera una economía feudal… quien venga aquí y no se indigne, quien venga aquí y no se alce, quien pueda ayudar de cualquier manera y no lo haga, es un canalla”.

Entre el material que consta en este memorándum también está la carta que el Ejército Guerrillero del Pueblo hacía circular en los pueblos salteños. Tenía la firma de “Comandante Segundo”. Y empezaba así: “Compañero campesino: Te escribimos esta carta para que la leas varias veces y para que se las leas también a todos los arrenderos, peones y obrajeros que no saben leer”.

Esa carta es un manifiesto político y un llamamiento a la lucha armada: “Los dueños de la tierra, los dueños de las fábricas, son también dueños de las armas, tienen las fuerzas de su parte. Debemos quitarles los fusiles de las manos y empuñarlos nosotros. Unirnos y organizarnos y pronto seremos miles de nosotros peleando en los montes y en los cerros, los obreros de los ingenios y en las fábricas. El patrón es uno, los trabajadores miles. Los millonarios un grupito, los pobres millones”.

Según las estimaciones de los agentes que remiten esta información en el “campamento de arriba” habría entre cuarenta a cuarenta y cinco hombres fuertemente armados con equipos para unos 120 hombres. El memorándum cierra con una apreciación: sería conveniente eliminar el “campamento de arriba” y enuncia también que Gendarmería Nacional tiene resuelto realizar una operación de barrido de la zona, con todos los efectivos de la 7ma. Agrupación. Esa información resulta, a la luz de los hechos, el documento histórico sobre la acción militar que terminaría con la desaparición de Jorge Masetti.

El barrido de la zona se cumple, lo que quedaba del Ejército Guerrillero del Pueblo es desmantelado. La historia de la primera guerrilla guevarista en Argentina guarda un último misterio: Jorge Ricardo Masetti no podía caminar; sus compañeros de armas lo dejaron en una cueva a resguardo junto a Atilio Altamira. Sus cuerpos no aparecen nunca.  Rodolfo Walsh, en el prólogo del libro “Los que luchan y los que lloran”, lo dice mucho mejor: “Masetti no aparece nunca. Se ha disuelto en la selva, en la lluvia, en el tiempo. En algún lugar desconocido el cadáver del comandante Segundo empuña un fusil herrumbrado”. Tenía al morir 34 años.

LOS DOCUMENTOS DE INTELIGENCIA SOBRE JORGE MASETTI

CPM-FONDO DIPPBA-Div. Cen. A y F. Mesa C. Varios 102 bis.

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